No supe verdaderamente que estaba enamorada hasta la médula hasta que lloré por él. ¿No es absurdo? Si se supone que el amor es un sentimiento bueno y bonito... Siempre que sea correspondido, claro.
El caso es que el día, el momento en el que lloré, en el que me hizo llorar, no por nada que hiciera él, por supuesto, porque fue tan amable y gallardo como siempre, sino por lo que no hizo. Por lo que no pasó. Por las ilusiones, vanas, que yo misma había puesto en ese encuentro. Y cuando en el metro, se abrió el grifo y me consolaba como podía mi Limón A, mientras un señor al que no conocíamos de nada se reía con disimulo escaso de mi diatriba contra el amor en general y contra Polo en particular, se me encendió la bombillita. ¡Despierta, tonta! ¿Te das cuenta de lo que está pasando? Te importa tanto que puedes llegar a llorar por él. Y en ese instante analicé que realmente era él el primer chico que me había llegado al corazón de golpe.
Tengo su teléfono. Más de una vez se me pasó por la cabeza mandarle un SMS, por cutre que fuera. "Oye, que te quiero. Absolutamente, ¿sabes? Es una locura, pero llevo pillada por ti demasiado tiempo. No contestes si no quieres, yo solo necesitaba sacarlo fuera. Buenas noches, Polo." Pero no lo hice. Ahora, mirando en retrospectiva, quizá hubiera sido una buena idea. Total, no teníamos ni siquiera una amistad fuerte que romper, amigos importantes en común que hubieran sentido que yo hubiera metido la pata hasta al fondo. ¿Quién sabe? Igual hasta hubiera salido algo bueno de ahí. Aunque ahora ya da lo mismo, no se puede cambiar el pasado.
Como no se puede cambair el hecho de que me ha roto el corazón de manera bastante explícita: está con otra. Mi perfecto Polo [de hecho su nombre en clave viene de una tarde de risas con mis amigas, de encontrarle algún sobrenombre que hiciera justicia a su perfección. ¡Bingo! ¡Pongámosle un nombre de dios! Y para que no sea muy evidente, dejemos que a Apolo se le pierda una A] está saliendo con otra chica a la que, quizá cegada por los celos, sigo sin poder ver guapa. Normalilla, ojos claros, cara de pan, pelo bonito y piernas jamoneras. ¿Con él? No me extraña que ella se quedara prendada de él, lo que imagino es que ella debe tener una personalidad de diez, porque si no... No me lo explico.
Pero YA basta.
Cuando me enteré, volví a llorar. Llevo una semana que estoy que no estoy, entre el llanto y los enfados y rabietas tan infantiles como absurdos. Pero se acabó. Polo ha dejado de ser Polo. Gracias a una amiga que de broma lo llamaba Pis, Polo ha pasado a ser Pus. Vimos la película Todos los días de mi vida, y lloré lo que me quedaba por llorar. Porque lo voy a superar.
Al fin y al cabo, las limones sobrevivimos a todo. Y yo no voy a ser menos. Se acabó el tiempo de sufrir por Pus. Pus se ha ido, ha elegido salir voluntariamente de mi vida. Y aunque dudo que hacer con tantos limones (no sé si pedir tequila o empezar a lanzárselos a la gente), os puedo asegurar que les sacaré provecho. Sed felices, aunque yo lo sea aún más (¡Eh! Limones gratis, oiga)


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