Así que, recordando la pasión de mi madre por la Unión Jack, busqué y busqué -
Vale.
Tenía una cinta de raso, pequeña y demasiado corta como para hacer un lazo en condiciones, como el que te harías en los zapatos, solo que más esmerado.
Venía con el artilugio ese metálico para que te la pudieras poner como pulsera y gracias a él he podido hacer más o menos una lazada, eso sí, luchando bravamente contra él durante al menos diez minutos. Sí, hijas, sí, la que es torpe es torpe, pero como soy cabezota, pues ¡he ganado!
La segunda parte fue rescatar una tela que tenía por ahí desde hacía cerca de medio año teñida... más o menos. La procedencia original de la tela, porque llamarla plastiquillo en forma de falda me parece demasiado feo, era de un disfraz de mexicana. Para explicar brevemente ese trauma de la infancia, basta decir que mi colegio organiza Bailes todas las Navidades, y que el tema de ese año era Sudamérica. Y mi clase tuvo la mala suerte de que se nos adjudicara México. No tengo nada en contra de ese país, dejadme que os lo explique: mientras las demás niñas de la otra clase iban ideales vestidas mientras bailaban sus tangos con esas faldas cortas y esos zapatos de tacón, a nosotras nos tocó, aparte de profesora con menos ritmo de todo este hemisferio, que nos adjudicaran un disfraz tan "bonito" a la par que "elegante" que este:
Nuestro berrinche al ver por el patio a las demás vestidas como si fueran a salir de fiesta y bailando agarradito mientras nosotras girábamos en círculos sin ningún niño en la formación -nuestra querida profe decidió que quedaba mejor si éramos solo chicas, faldas y trenzas.
Apenas acabamos las representaciones y volvimos a casa, la tomamos con la falda y yo me dediqué a desmembrarla poco a poco. Pero por alguna razón guardé los trozos de tela.
Pues bien, hace relativamente poco puse en agua las plumillas de mis plumas, porque se les había secado la tinta y no escribían ni pa'trás. En estos casos, hay que dejarlas sumergidas en agua y olvidarte de ellas por lo menos durante un día completo, y eso hice. Cuando fui a tirar el agua en la que las había metido, tenía un colo azul tan bonito que no se me ocurrió otra cosa que que eso no se podía desaprovechar, y ni corta ni perezosa, hice un buruño con un trozo de tela y lo metí dentro. La verdad es que el experimento no quedó demasiado mal:
Quedaba bonito, con las estrías de colores más marcadas por las dobleces.
Pues no me lo pensé más. Lo envolví en ella, le hice un lazo con otra cinta de origen desconocido...
... le até el Lazo Union Jack, ¡Y listo!







